Consiste en extraer grasa de las partes del cuerpo donde sobra e inyectarla en las zonas del rostro donde se haya perdido densidad.
La técnica es sencilla. Lo primero es extraer la materia grasa mediante una liposucción de lugares del cuerpo donde ésta sobre, como el abdomen o flancos, con un aspirado de menor intensidad con el fin de salvaguardar la salud de las células.
Después, hay que tratar dichas células para purificarlas y concentrarlas. Una vez concluido este proceso, la grasa se inyecta con agujas muy finas para que no quede ninguna cicatriz.
Esta grasa se inyecta en aquellas partes del rostro que más hayan sufrido los estragos del paso del tiempo: el surco nasogeniano, los pómulos, la mandíbula o las sienes.
Beneficios
La grasa que se inyecta procede del mismo paciente, por lo que la posibilidad de rechazo en el cuerpo es casi nula.
Las marcas o cicatrices son prácticamente invisibles.
Las células grasas estimulan a los tejidos y los invitan a regenerarse, por lo que la hidratación, y la síntesis de colágeno y elastina (la base de cualquier rejuvenecimiento del rostro) se ponen en marcha de manera natural.
Tiempo de la intervención
Entre 2 y 4 horas (se realiza durante una Liposucción)
Hospitalización
Normalmente requiere de una noche de hospitalización
Resultados
Los resultados se notan desde el primer momento, son casi inmediatos. No obstante, la imagen definitiva se puede apreciar parados tres o cuatro meses, pues hay parte de la grasa infiltrada que es absorbida por el cuerpo.